Cuentan que en la Cañada, en la década de 1940, había un fantasma que asustaba a la gente. Era el fantasma de una mujer pelada y petisa, que se aparecía cubierta con un manto negro que ocultaba su rostro. Se decía que asustaba a las personas que trasnochaban y también a los que iban temprano a misa. Los acompañaba y les lloraba. Por esos años, todos tenían miedo de salir a caminar por la Cañada.
La historia cuenta también que una madrugada, don Chacho, que era un borrachín que frecuentaba la zona, se había dormindo, bebiendo, sobre el calicanto de la cañada, después de haber trasnochado. Y parece que durante la mañana de ese mismo día, doña Onoria salió de misa y se olvidó el paraguas en la iglesia.En el centro de la ciudad de Córdoba, era un día nublado, raro. Cuando comenzó a llover, doña Onoria cruzaba la Cañada y pensó que tenía que volver rápido a su casa. Igual, ya se le habían mojado el misal, el rosario y el libro de canto.
Cuenta la historia que cada vez llovía más... y que era tanta el agua que caía, y con tanta fuerza, que en pocos minutos arrasaba ramas, zapatos y sombreros y cuanta cosa había en las calles.La fuerza de la lluvia despertó a don Chacho, que se dio cuenta entonces que el agua le había llevado los zapatos y la botella de whisky. De pronto, vio una sombra y escuchó que alguien le decía al oído:–¡Quicooo llamalo a Perikooo...! ¡Cacooo, llamalo a Don Marcos!–¡Ah! –gritó asustado don Chacho, y se levantó nervioso, temblando de miedo.Fue entonces cuando, de repente, vio un bulto negro a su lado que se lamentaba: –Ua... Ua... Ua... ¡Uaaa!Al darse vuelta para ver bien, la mujer vestida de negro se sacó el manto y le mostró su cabeza pelada y cadavérica. Don Chacho quedó paralizado, pero con su tonada cordobesa le dijo:–¡Que bonita pelada, que tenés mamita!
Doña Onoria, que justo pasaba por allí, escuchó al borracho y pensó que le hablaba a ella. Enojada y nerviosa le contestó:–Más pelado será usted, viejo borracho.–¡Pero no le digo el piropo a usted, señora, sino al fantasma que me asustó!– dijo don Chacho.
Doña Onoria lo miró raro y pensando que el hombre estaba loco, salió corriendo. Pero tropezó con un arbolito, y el misal, el rosario y el libro de canto se le cayeron al agua de la cañada, que ya había subido hasta la pared.La pobre mujer quedó agarrada del calicanto con el cuerpo casi en el agua. Don Chacho, ya más despierto, reaccionó, se agarró de un árbol y quiso sujetarla de la ropa. Pero el pobre no aguantó el peso, por la borrachera, se resbaló y ¡páfate!:se cayeron los dos al agua.
¡Qué horror! Al caer, doña Onoria se sujetó a un tronco que venía flotando en el agua. A Don Chacho, como estaba tan mareado, se lo llevó la corriente. Justo en ese momento llegaron los bomberos a socorrerlos. Primero salvaron a doña Onoria que gritaba desesperada; luego, se dieron cuenta de que la corriente se llevaba a don Chacho. Cruzaron la escalerilla de lado a lado del río que se había formado y le tiraron una soga. Como el hombre no la pudo tomar, un bombero bajó, le dio una trompada para desmayarlo y lo sacó a flote en brazos. Doña Onoria reaccionó a orillas de la Cañada. Don Chacho se despertó después de varios días en el hospital. Para ese entonces se le había pasado la borrachera pero estaba atontado y asustado. Una y otra vez preguntaba por "la pelada", pero nadie le respondía por que creían que estaba loco.
Cuentan los vecinos de la Cañada que doña Onoria no volvió a misa, que don Chacho no volvió a emborracharse, y que, un día lluvioso de noviembre, doña Onoria y don Chacho se casaron en la Catedral.
Luego de esa gran inundación se construyó la Cañada Nueva, para que el agua de lluvia se fuera por allí. Desde ese entonces, en la ciudad de Córdoba nunca más hubo inundaciones y ya nadie volvió a ver a "la pelada" pasear por la Cañada.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)




0 comentarios:
Publicar un comentario